Dos Posturas éticas para Fundamentar los Programas Sociales

Carlos Bauche Madero*

@carbauche 

         Es innegable que los Programas Sociales parten de una visión de la realidad, un diagnóstico de sus problemáticas, y un posicionamiento respecto de qué debe hacerse y de qué manera, generando así una visión de la dimensión de lo social.

Para poder enmarcar la gran cantidad de variables asociadas a la dimensión social, puede emplearse un marco ético. Tom L. Beauchamp, James F. Childress, basados en el Informe Belmont, sistematizaron a partir de los avances en ética y bioética cuatro principios que deben normar las acciones sociales (Beauchamp, y Childress 1999):

1. Principio de Beneficencia: obligación de actuar en beneficio de otros, promoviendo sus legítimos intereses y suprimiendo prejuicios (hacer el bien).

2. Principio de No Maleficencia: abstenerse intencionadamente de realizar acciones que puedan causar daño o perjudicar a otros (no hacer el mal).

3. Principio de Autonomía: la autonomía expresa la capacidad para darse normas o reglas a uno mismo sin influencia de presiones externas o internas.

4. Principio de Justicia: tratar a cada uno como corresponda, con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad (ideológica, social, cultural, económica, etc).

La aplicación de estos principios es posible en contextos sociales amplios (Angulló, 2009), y en este supuesto se utilizarán no sólo como marco de categorización de los factores asociados, sino como forma de valoración del efecto positivo o negativo que se esté generando de las acciones de la organización.

Dado lo anterior, sale a la luz el hecho de que resulta imposible profundizar en conceptos como desarrollo o programas sociales, sin que se involucre la razón de ser de las actividades encaminadas hacia estos propósitos. De la misma manera, esta razón de ser no puede estar en otra parte que no sea en la dimensión ética de las reflexiones. ¿Porqué es deseable generar programas que generen desarrollo socialmente sostenible? ¿Cuáles son los beneficios, argumentos, justificaciones que dan razón de ser al perseguimiento de estos objetivos?

Tanto las posturas éticas naturalistas como las consecuencialistas han contribuido para justificar la existencia de programas que favorezcan o beneficien a personas, grupos o poblaciones en condiciones de vulnerabilidad respecto de sus congéneres. De lo anterior se rescata la necesidad de revisar esta cuestión. La razón principal estriba en que, debido a la importancia e impacto en la sociedad de las acciones en el campo del desarrollo social, en ocasiones no se toma en cuenta que es menester realizar una metarreflexión que nos muestre si existe una congruencia entre nuestras creencias, principios éticos y nuestras acciones. Además, una reflexión de esta naturaleza, viene a ser necesaria para poder reducir el daño potencial que podrían estar infringiendo aquellas políticas sociales carentes de un planteamiento congruente y sólido.

Desde las posiciones del tipo naturalista, todos los seres humanos nacemos con las mismas características esenciales, como lo son la razón y la libertad. Dichas características nos otorgan una posición especial en la naturaleza, en la cuál nos toca desenvolvernos en base a las características que posee la naturaleza en un mundo prestablecido (Murphy, 2008). De esta manera es posible dar un sentido trascendente a los principios y valores deducidos a partir de tomar como axioma la existencia de un mundo dado (realismo), y un ser humano en esencia racional. Los principios descritos por diversos autores a partir de lo anterior engloban nociones como verdad, bondad, justicia, igualdad. Dichas nociones ya estaban descritas por Tomás de Aquino (partiendo de Aristóteles) quien desarrolló la visión del ser humano como un ser dotado por gracia divina de razón (Murphy, 2008), y describió la misma a partir las verdades teológicas (libertad, tendencia al bien, a la verdad, a la belleza, entre otras).

Además de los importantes aportes de Tomás de Aquino a la ética, Immanuel Kant también advirtió que la autonomía es el principio supremo de la moralidad, en cuanto es condición de posibilidad de la misma (un imperativo categórico, en el lenguaje kantiano) (Dieterlen, 2003). De esta manera, la ética occidental se desarrolla, en gran parte gracias a Kant, partiendo de la existencia de nociones universales, trascendentales a la contingencia espacio temporal, fundamentadas en la idea central del hombre como piedra angular, medio y fin de nuestras acciones, tal como lo describe el imperativo categórico kantiano (Kant, 1988). De esta manera las acciones (formales o informales) en torno a las personas en condiciones de vulnerabilidad, se justifican como un acto de tendencia al bien, en favor de los seres humanos con quienes compartimos la misma naturaleza. Se justifica también como un acto de caridad o amor al prójimo, en donde el hombre es un fin en sí mismo.

Sin embargo también desde una ética consecuencialista se sostiene la opción por atender a las personas en condiciones vulnerables. Desde esta posición, no existen los elementos que fundamenten el axioma de que el mundo es una entidad prestablecida y el hombre posee características trascendentales innatas como la libertad o la razón (Wittgenstein, 2003). De esta manera, los fundamentos éticos tradicionales quedan en tela de juicio. La razón y la libertad pasan a ser fenómenos situados en un contexto espacio-temporal, y sólo quedan concebidos como construcciones lingüísticas contingentes, producto del discurso sociocultural (Fillion, 2005), y con consecuencias prácticas en la estructura social y política de una sociedad determinada (Foucault, 2005).

La ética por ende se genera a través de acuerdos o consensos producto del encuentro de posturas y el discurrir constante entre lo que las personas consideran la mejor forma de vida posible para todos (Rorty, 2000). Esta es la forma en que desde el consecuencialismo se ha fundamentado la acción en torno a las personas y grupos vulnerables.

Aunque se ha señalado con frecuencia los desacuerdos fundamentales entre los que sostienen la ética desde ambos puntos de vista, es necesario encontrar puntos de convergencia que permitan el trabajo conjunto y los principios de acción favorables para el mayor número de actores posibles. Por ejemplo, ambas posiciones afirmarían la importancia de identificar más allá de un contexto específico, las necesidades inherentes a la condición humana tal como lo describen Putnam o Nussbaum, y consideran necesario el reducir las problemáticas relacionadas con las necesidades fundamentales de todos los seres humanos (Dieterlen, 2003).

De la misma forma ambas posturas pueden estar de acuerdo en las conclusiones obtenidas a partir del experimento teórico rawlsiano que afirma que, en condiciones en donde las personas pertenecientes a una sociedad desconocen si están en posición de igualdad o desigualdad respecto del resto de los ciudadanos, optarán por la el acuerdo más razonable, a saber, que a todos les correspondan los mismos derechos, beneficios y responsabilidades Dentro de los derechos, los de libertad e igualdad entre los seres humanos son de igual forma sostenidos, ya sea como inherentes o como consensuados (Wenar, 2008). Y por último, ambas posiciones, independientemente de la forma como lo conceptualizan, aceptan la importancia de la noción de justicia como eje para las acciones en torno al desarrollo social. Una sociedad con estas virtudes podría contribuir a distribuir todos los bienes y servicios necesarios por igual para el desarrollo de nuestras potencialidades/capacidades (Sen, 2004, Dieterlen 2004)[1].

Lo anterior nos lleva a comprender las razones por las cuáles deben abordarse los problemas sociales de las personas en condiciones de vulnerabilidad, y la importancia de la ética en el planteamiento y visión directriz en la comprensión y las propuestas de solución a través de los programas sociales. Sin embargo aún debe describirse más a detalle los contenidos de dichos programas, en específico a la luz de la sustentabilidad.

          *Carlos Bauche Madero es Director de Programas y Fundador ProSociedad. Psicólogo egresado del ITESO, con estudios de Maestría en Filosofía por la UNIVA y Desarrollo Social por la Universidad Panamericana. Igualmente,tiene estudios de posgrado en Desarrollo de Base y Consejería en Contextos Internacionales.Su experiencia durante los últimos ocho años se ha centrado en la Investigación, el Diagnóstico, Diseño, Implementación y Evaluación de programas sociales en distintos escenarios (escuelas, universidades, asociaciones civiles, y contextos internacionales).

 

REFERENCIAS

Beauchamp, T. L. y Childress, J.: Principios de ética biomédica. Barcelona, Masson, 1999

Agulló-Gimeno, Silvia. La Coherencia ética en la gestión de los recursos humanos: un factor clave para la forja del ethos corporativo Universidad de Navarra. 2009

Dieterlen, Paulette La pobreza: un estudio filosófico, Instituto de Investigaciones Filosóficas-UNAM/Fondo de Cultura Económica, México, 2003

Murphy, Mark, “The Natural Law Tradition in Ethics”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2008 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/natural-law-ethics/>.

Kant, I. (1988). Fundamental principles of the metaphysics of morals (T. K. Abbott, Trans.). New York: Prometheus Books. (Originally published 1785)

Wittgenstein, L., Investigaciones Filosóficas. Editorial Crítica. España, 2003.

Fillion, R., Freedom, Truth and Possibility in Foucault’s Ethics. Revista Foucault Studies, Número 3, 2005.

Foucault, M. (1971). Las palabras y las cosas. Mexico. Siglo XXI.
Rorty, R. Verdad y Progreso: Escritos Filosóficos 3. 3ra ed. Ed. Paidós. Buenos Aires, 2000.

Sen, A., (2004) “Desarrollo y Libertad” Ed. Planeta. Bogotá.

Wenar, Leif, “John Rawls”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2008 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/rawls/

[1] Este escrito no pretende profundizar sobre el papel de la justicia como eje del desarrollo social, ya sea como eje rector, o supeditado a algún otro eje rector, como por ejemplo, la caridad.

One Reply to “Dos Posturas éticas para Fundamentar los Programas Sociales”

  1. Ya, pues es una putada, yo como nunca tengo que halcero. Regedstrate en la web y ased no tendre1s que poner la suma ni tus datos.@jose87: Jose no me hagas caso, mencif3name que yo seguire9 hacie9ndolos, salvo alguno que no me guste. La verdad es que tengo que pensar en me1s howto (cf3mo me gusta la palabrita). Muchas gracias, pero de crack nada, le dedico tiempo y me gusta

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